¿Qué hacer con los berrinches de un niño de 6 años?

Colapso sensorial

Como padres o como personas que ejercen el rol de padres, ustedes desempeñan un papel esencial en el éxito de su hijo. Hay formas intencionadas de hacer crecer una relación sana entre padres e hijos, y ayudar a tu hijo de 6 años a aprender a manejar sus sentimientos más molestos de forma constructiva es una oportunidad perfecta.

Los niños de 5 a 10 años están en proceso de aprender sobre sus sentimientos fuertes. No entienden la toma de control de todo el cuerpo que puede producirse cuando están enfadados, heridos o frustrados. La sensación de falta de control puede asustarles y aumentar la duración e intensidad de su enfado.

Las rabietas y las crisis pueden ser abrumadoras para los niños y los adultos que los rodean. Es fundamental aprender a lidiar con la ira o el malestar sin elegir respuestas destructivas. Además, entender la diferencia entre una rabieta y una crisis ayudará a los padres a guiar adecuadamente a sus hijos en estos momentos intensos. Su apoyo y orientación son muy importantes.

Un niño que tiene una rabieta experimenta sentimientos intensos y actúa con la esperanza de obtener un resultado deseado. Las rabietas sensoriales, al igual que los berrinches, se caracterizan porque el niño experimenta grandes sentimientos, pero la diferencia es que el niño no actúa en busca de un resultado deseado.

Autismo

Contenido de la páginaNuestro hijo de 8 años es un buen estudiante y recibe buenas críticas en la escuela, pero en casa es extremadamente irrespetuoso y se niega a escuchar y seguir las instrucciones. Siempre ha sido desafiante, pero últimamente se ha vuelto muy irrespetuoso y hace berrinches cuando no se sale con la suya. Durante estas rabietas, a veces golpea a su hermana, a mí o al gato de la familia. También tira los juguetes, da portazos y destroza su habitación. Su padre y yo lo hemos intentado todo, desde quitarle los juguetes hasta azotes y tiempos muertos. Anoche le quitamos todos los juguetes de su habitación, pero se rió de nosotros y dijo que le darían más para Navidad. Mi marido perdió la cabeza y le dijo que nadie le iba a regalar nada y envió un correo electrónico a toda nuestra familia diciéndoles que devolvieran los regalos que habían comprado para nuestro hijo. Sé que tenemos que seguir adelante, pero me temo que esto va a suponer unas vacaciones terribles y aún más problemas en el futuro. Me temo que lo hemos “mimado” demasiado tiempo y ahora su comportamiento se nos está yendo de las manos. ¿Tienen algún consejo? ¿Deberíamos llevarlo a un consejero? Estamos muy frustrados y cansados de lidiar con sus arrebatos.

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Modificación del comportamiento

Las rabietas pueden ocurrir cuando los niños están cansados, hambrientos o incómodos. Pueden tener una rabieta porque no consiguen que algo (como un juguete o un padre) haga lo que quieren. Aprender a manejar la frustración es una habilidad que los niños adquieren con el tiempo.

Las rabietas son habituales durante el segundo año de vida, cuando se empiezan a desarrollar las habilidades lingüísticas. Como los niños pequeños aún no pueden decir lo que quieren, sienten o necesitan, una experiencia frustrante puede provocar una rabieta. A medida que las habilidades lingüísticas mejoran, las rabietas tienden a disminuir.

Los niños pequeños quieren independencia y control sobre su entorno, más de lo que realmente pueden manejar. Esto puede dar lugar a luchas de poder, ya que el niño piensa “puedo hacerlo yo mismo” o “lo quiero, dámelo”. Cuando los niños descubren que no pueden hacerlo y que no pueden tener todo lo que quieren, pueden tener una rabieta.

Mantén la calma cuando respondas a una rabieta. No compliques el problema con tu propia frustración o enfado. Recuerda que tu trabajo es ayudar a tu hijo a aprender a calmarse. Así que tú también tienes que estar tranquilo.

La crisis de los niños

Los padres con los que he trabajado suelen tener formas ineficaces de responder y gestionar las crisis de sus hijos. O bien se van a un extremo y gritan, amenazan, sujetan o incluso pegan al niño, o se van al otro extremo y ceden.

En ambos casos, los padres pueden detener la crisis, pero no han enseñado a su hijo a comportarse de forma más adecuada. Y la próxima vez que su hijo se sienta incómodo, simplemente hará otra rabieta.

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Según mi experiencia, los padres se resisten mucho a la idea de que sus hijos estén descontentos o incómodos. Aprenden lo que su hijo les ha enseñado: si me haces sentir incómodo, yo te haré sentir incómodo a ti. Cuando un niño tiene una rabieta en el centro comercial y da patadas y gritos en el suelo, está diciendo: “Tú tienes más que perder que yo”.

Y tiene razón. Tiene más que perder: se siente avergonzado y no puede cumplir su objetivo de comprar en el centro comercial. La gente te mira. Te sientes como un mal padre, y crees que todos los que te rodean te consideran un mal padre.